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Durante el 18 Festival de Sevilla tuvimos oportunidad de ver en pantalla grande “La Hija” de Manuel Martín Cuenca. El largometraje está protagonizado por dos intérpretes muy reconocibles de nuestro cine como Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz. Pero en su elenco protagonista también nos encontramos con Irene Virgüez, una joven actriz de 16 años de edad que asume gran parte del peso del filme. Y lo hace con decisión para lograr que el nivel interpretativo del filme siempre se muestre solvente.

Podrían haber sido muchas las chicas que hubiesen encarnado de forma efectiva a una joven de 15 años. No obstante, tras reposar durante unos días “La Hija”, resulta complicado separar a la Irene real de la creada. La actriz salió vencedora de los juegos de Manuel Martín Cuenca durante los ensayos para interiorizar un personaje tan complejo como enigmáticamente sencillo. Aquí, el realizador almeriense tiró el dado con la fortuna de sacar un seis. Apostar por una intérprete novel siempre entraña sus riesgos pero pronto quedó lejos la casilla de salida. Mantenerse en la línea resultaba esencial y Virgüez fue capaz de aportar los ingredientes justos para cumplir con la receta.

El reto de Irene Virgüez

Contar con dos colosos como Patricia López Arnaiz y Javier Gutiérrez en la mayoría de escenas también ayuda a recorrer el tablero a toda velocidad. Aunque para Irene Virgüez todo comenzase como una sucesión de juegos con los que iniciar el reto, la actriz pronto descubrió que estaba ante algo más grande. Debutar en el cine asumiendo galones dentro de una producción de estas características siempre te cambia la vida.

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Irene Virgüez ya recorre festivales y ruedas de prensa con la mirada certera, y necesariamente tímida, de que está en el sitio correcto. A veces da miedo pisar la fría nieve si no vas con el calzado adecuado. Pero no hay nada mejor que iniciarse en el camino del séptimo arte con botas artesanales. La metodología de trabajo de Martín Cuenca reta, pero también mima y hace lucir a quién actúa. Lo que sí está claro es que la valentía por recorrer un sendero, que no ha hecho más que empezar, hace que la actriz quiera seguir dando pasos en busca de que sus huellas permanezcan. Hasta que llegue la primavera y se descubran nuevos pétalos de una actriz que seguirá mirando al sol para crecer.