A nadie le importas, es el título de la película dirigida por Cristina Galán y David Suárez que fue presentada en la Sección Zonazine del 28 Festival de málaga. Estamos ante una comedia tan amarga como dinámica que disecciona el narcisismo, la obsesión por la fama y la imposibilidad de aceptar el fracaso en una sociedad que nos ha convencido de que “si quieres, puedes”.
Los límites de la sociedad… y de uno mismo
David, interpretado por el propio Suárez, es un aspirante a cómico atrapado en el espejismo de las redes sociales y el mundo del espectáculo. Cuando su gran oportunidad se desvanece por un chiste polémico, inicia un descenso tragicómico que lo obliga a enfrentarse con la única verdad que no quiere aceptar: tal vez no sea tan especial.
La cámara va en pro del dinamismo
Lo que hace que la película brille es su estilo visual. Con una estética de falso documental y una cámara viva que nos sumerge en el día a día del protagonista, la película se siente cruda y auténtica, como si realmente estuviéramos viendo a un personaje real fracasar en directo. La atmósfera, que oscila entre la intensidad del Madrid nocturno y la melancolía de la Galicia rural, refuerza la sensación de un protagonista que no encaja en ningún sitio.
Un guion sin complejos
La sátira es mordaz y despiadada, y el guion no tiene reparos en exponer lo patético de la lucha desesperada por la relevancia en la era digital. En este sentido, A nadie le importas es una obra que remite a Deconstructing Harry de Woody Allen o Lost in Translation de Sofia Coppola, pero con una mirada más ácida y una sensibilidad cómica más cercana a la España de Vincent Finch o Muchachada Nui.
A nivel de ritmo, la película es dinámica y absorbente. Su montaje mantiene un equilibrio entre el vértigo de la fama efímera y la pausa de la introspección forzada, algo que la hace tremendamente entretenida a pesar de la amargura de su discurso.
El éxito instantáneo
En definitiva, A nadie le importas es una comedia que golpea donde más duele: el ego. No es solo una burla al mundo del espectáculo, sino un espejo incómodo para toda una generación criada en la promesa del éxito instantáneo. Puede que David no nos importe, pero su historia, de algún modo, nos concierne a todos.
Crítica de A nadie le importas
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Dirección
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Guion
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Actuaciones
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Dirección de fotografía
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Música

