El cine de terror patrio continúa demostrando que sabe reinventarse. La Casa en el Árbol , el primer largometraje dirigido por el cineasta sevillano Luis Calderón, llegó a las carteleras el 8 de mayo de 2026, ofreciendo una propuesta visceral que se aleja de los sustos convencionales para adentrarse en el trauma y la obsesión.
Co-producida por La Barbería Films, Media Attack y bajo el sello PXXR CINEMA , la cinta se presenta como un trepidante thriller de terror con tintes de slasher de autor e identidad LGTBI. A continuación, desgranamos los aciertos de esta asfixiante cacería en los bosques de Euskadi.
Sinopsis: el bosque como escenario del trauma
La premisa arranca con un tono idílico que rápidamente se quiebra. Ale, su novio Jesús y su perro Drago disfrutan de una escapada romántica en una cabaña suspendida a 60 pies de altura en los frondosos bosques de Zeanuri. En mitad de la noche, un sobresalto desemboca en tragedia: Jesús cae al vacío y muere en el acto frente a los ojos de Ale.
Lo que podría ser el clímax en cualquier otra película, aquí es solo el detonante. Un año después del suceso, una Ale consumida por el dolor y la ira decide regresar al mismo bosque. Está firmemente convencida de que la caída no fue un accidente, sino la obra de un depredador que habita en la espesura. Su objetivo ya no es encontrar paz, sino cazar a aquello que le arrebató a su pareja.
Una atmósfera asfixiante cocinada a fuego lento
Con una ajustada duración de 80 minutos, Luis Calderón demuestra un pulso narrativo envidiable. Rodada durante 20 días en el País Vasco, la película exprime al máximo los escenarios naturales de Bizkaia, convirtiendo al bosque de Zeanuri en un antagonista silencioso, opresivo y omnipresente.
La dirección de Calderón, forjada en la publicidad y el videoclip, se nota en el exquisito cuidado estético. Al estar grabada en formato Arri Alexa Digital 4K , la fotografía captura la humedad y la oscuridad del entorno con una crudeza que traspasa la pantalla, apoyada por un trabajo de diseño sonoro envolvente realizado en los estudios Sonora de Vitoria-Gasteiz. La tensión no nace de efectos baratos, sino de una atmósfera lúgubre que encierra a la protagonista en su propio laberinto psicológico.
Un reparto arriesgado y magnético
El peso de la cinta recae indiscutiblemente sobre Sandra Escacena, quien regresa por la puerta grande al género que la vio nacer artísticamente. Su interpretación de Ale es desgarradora aunque en ocasiones no encuentra toda la credibilidad necesaria. Escacena transmite esa dualidad entre la vulnerabilidad del luto y la fiereza de quien no tiene ya nada que perder. Junto a ella, Claudio Portalo da vida a Jesús. Su personaje, que funciona a caballo entre el recuerdo, el trauma y la alucinación espectral , es el ancla emocional que justifica el descenso a los infiernos de Ale.
Pero si algo llama la atención es la elección de su elenco secundario:
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Kandido Uranga aporta una sobriedad aplastante encarnando a Ángel, un padre carcomido por la culpa y el silencio de no haber sabido proteger a los suyos.
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Mala Rodríguez debuta con un enigmático y magnético papel interpretando a Má. Su personaje actúa como una suerte de oráculo callejero y forestal, regalando pistas más que respuestas.
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Apolonia La Piedra interpreta a Samantha, la confidente de Ale, una superviviente nata que aporta lealtad y un contrapunto áspero y realista a la historia.
Una película que no gustará a todos, pero que quizás ahí encuentra su sitio
La Casa en el Árbol se presenta en su superficie como una obra visceral sobre cómo el amor roto se transforma en dolor. Sin embargo, sus buenas intenciones se ven lastradas por varios tropiezos en su ejecución. A la propuesta le falta una mayor cohesión en su ritmo narrativo, lo que provoca bajones de tensión que desconectan al espectador, y adolece en ciertas secuencias de una falta de credibilidad en las interpretaciones del elenco. Asimismo, la historia se siente algo vacía y habría agradecido la presencia de algo más de personajes secundarios para enriquecer la trama y darle mayor profundidad al conflicto principal. Aunque Luis Calderón firma un debut estéticamente atractivo que intenta huir de los clichés, la cinta puede resultar algo irregular para ciertos espectadores. No obstante, en ese salto al vacío esta la clave del éxito para agradar a otros muchos.
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Dirección
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Dirección de fotografía
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Guion
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Actuaciones

